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Cuando la ropa y la música fueron armas políticas

10 junio , 2014

subcul

El libro Rituales de resistencia recupera ensayos clásicos en torno a las subculturas británicas y los motivos por los que los jóvenes crearon estilos de vida ajenos a las propuestas culturales hegemónicas

Play Ground Noticias
9 de junio de 2014

Hace exactamente cincuenta años, los mods y los rockers protagonizaban una pelea histórica en las playas de Brighton. Y hace exactamente cincuenta años, un grupo de estudiosos británicos se atrincheró en la Univeridad de Birmingham para estudiarlos.

Procedían de distintas ramas (de la teoría crítica al postestructuralismo o la etnografía) y creyeron que esta convergencia de metodología haría más fructífero el análisis de las manifestaciones sociales de su más que convulso presente. Así nacieron los hoy famosísimos estudios culturales. Y aunque en 2002 una «reestructuración» de la universidad echó el cierre al CCCS (Centre of Contemporary Culture Studies), gracias a él temas antes denostados por la academia como la moda, la música popular o los programas de televisión, tienen cabida en los departamentos de las universidades.

Para celebrar su medio siglo de existencia, la editorial Traficantes de Sueños acaba de publicar en castellano la que quizá sea la principal aportación del CCCS: Bajo el título Rituales de resistencia; subculturas juveniles en la Gran Bretaña de posguerra se recogen veinte ensayos que arrojan luz sobre los motivos por los que los veinteañeros ingleses crearon estilos de vida ajenos a los propuestos por la cultura hegemónica.

De lo político a lo estético

Hoy, que el punk es más el titular de una revista de tendencias que un colectivo en rebelión, que lo mod se mezcla con lo hipster en una forma sin contenido o que las llamadas «tribus urbanas» duran lo que dura su reseña en un medio de comunicación, conviene recordar que hubo una época en la que la ropa, la música o la jerga tuvieron un significado más político que estético.

Dick Hebdige, uno de los grandes teóricos de la materia (su libro Subculture: the meaning of Style es considerado un clásico del tema) examina pormenorizadamente el caso de los mods y las sinergias primigenias entre los rastas y los rude boys. Otros, como John Clarke e Ian Chambers, se ocupan de desentrañar a los skinhead o la apropiación de la cultura negra en los movimientos de blancos.

Sin embargo, más allá de los elementos concretos que desarrolló cada subcultura, importan las aportaciones teóricas que indagan sobre las causas de su gestación: una época, la posguerra, en la que los discursos imperantes comenzaban a apropiarse de los discursos de clase; en la que las grandes oposiciones sociales y políticas empezaban a ocultarse bajo la alfombra del Estado de Bienestar, y en la que los jóvenes, además de tomar conciencia de su situación social, vivían marcados por la conciencia de generación.

subculture punk

Adiós al sentimiento de pertenencia

¿Por qué el sentido de pertenencia a una subcultura nos importa hoy tan poco?, se preguntan los autores en la introducción. Se habla de individualismo, de atomización y de la pérdida del sentimiento de pertenencia como las grandes conquistas del neoliberalismo de las últimas décadas. Se apunta la evolución del concepto y se describen cambios en la mentalidad colectiva, pero lo que mejor ilustra la respuesta a esta pregunta es uno de los ejemplos citados: si en el 2005 el diario The Guardian escribía sobre el auge de las sudaderas con capucha y echaba mano de la historia para aludir a la peligrosidad potencial de los «encapuchados», ese mismo año Vogue situaba la capucha como una de las tendencias del otoño.

Tal vez no sea casual que todo valga en cuestión de estilos y por eso se haya perdido el valor político del vestir. Como tampoco lo sea que los medios emitan interpretaciones contradictorias acerca de un pequeño elemento. En cualquier caso, conviene recuperar esa época en la que los posadolescentes convertían la extravagancia en disidencia. Y celebrar el aniversario de los intelectuales que supieron comprenderlos.

 

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