Archive for the ‘Animalitos’ Category

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¡¡¡Caza NO!!!

21 mayo , 2017

Arrimaros sin espantarlos e intentar
hacer la foto con el móvil…

¡Esto sí que suelta adrenalina y
no la crueldad innecesaria de la caza!
Y después largarse,
sin molestar.

cazar no

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El antepasado de la ballena barbada se alimentaba por succión

13 mayo , 2017

Mystacodon

Agencia SINC
11 mayo 2017

Científicos del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales han hallado en la cuenca del río Pisco (Perú) el fósil de una nueva especie de ballena que supondría el paso evolutivo entre las ballenas arcaicas, los basilosáuridos, y las ballenas barbadas (misticetos).

La gran diferencia se encuentra en la dentadura. Este espécimen tenía dientes y se alimentaba por succión. Perseguía y cazaba a sus presas, succionándolas en su gran boca, mientras que los basilosáuridos eran cazadores activos con bocas que servían para morder y atacar, similares a las orcas.

Los misticetos, sin embargo, se alimentan por filtración. En lugar de dientes tienen unas fibras de queratina llamadas comúnmente ‘barbas de ballena’. La ballena barbada se alimenta de pequeños animales marinos, como los camarones, que se quedan atrapados en esas ‘barbas’.

La nueva criatura vivió en el Eoceno Tardío, hace unos 36,4 millones de años, según los investigadores. Teniendo en cuenta el ejemplar desenterrado, estos animales medirían unos 3,75 y 4 metros de largo. Por sus dientes, los paleontólogos lo han bautizado como Mystacodon selenensis (misticeto dentado), en el estudio que se publica esta semana en la revista Current Biology.

«Este hallazgo llena el gran vacío en la historia de este grupo animal, y da pistas sobre la ecología de los primeros misticetos», explica el paleontólogo y coautor del estudio Olivier Lambert, del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Los científicos creen que el Mystacodon representa el paso intermedio entre la caza y la alimentación por filtración, y entre los antiguos basilosáuridos y los misticetos modernos.

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El ataque de los buitres asesinos

8 abril , 2017

buitres leonados

Por MAURICIO ANTÓN

Junto con la expansión apocalíptica de los lobos y los ataques al ganado por meloncillos y cuervos sedientos de sangre, una de las leyendas que más cuerpo está cobrando en la pseudo-zoología ibérica contemporánea es la de los «buitres asesinos». Se viene argumentando que la escasez de carroñas en el campo a raíz del mal de las «vacas locas» ha llevado a generaciones de buitres a vivir al límite de la inanición, haciéndoles más agresivos que nunca y proclives, en su desesperación, a comportarse como depredadores activos y atacar a reses vivas. Un relato atractivo pero que contraviene conceptos básicos de la ciencia. Para empezar, el buitre es un carroñero especializado, carente de las garras y el pico afilados que permiten a las águilas dar muerte a sus presas, y esa especialización, desde el punto de vista evolutivo, no tiene vuelta atrás. Un buitre no puede matar a una oveja como no quiera hacerlo a besos. Y para continuar, si una población de buitres se enfrenta a una escasez de recursos continuada, el resultado inmediato no será un cambio en el nicho ecológico de esta especie (definido por millones de años de evolución) sino que cada año sobrevivan menos pollos, hasta que la población se ajuste a los recursos disponibles. Sin embargo, existe al menos una publicación científica de prestigio que parece desafiar estos hechos y ha contribuido a propiciar la leyenda de los buitres asesinos.

En una carta a Nature de 2011 titulada «European vultures’ altered behaviour» (o sea, «El comportamiento alterado de los buitres europeos»), Margalida, Campión y Donázar afirmaban que «los buitres leonados de España y el Sur de Francia se han convertido en matadores de ganado, según las numerosas denuncias recibidas por las autoridades». Esta primera frase del artículo ya hace saltar las alarmas: ¿un hecho científico queda establecido por la cantidad de denuncias? Según esa lógica, la cantidad de denuncias a la Inquisición demostraría sin duda que las brujas no sólo abundaban en la Europa medieval, sino que además volaban con más maniobrabilidad que los buitres ahora tan temidos. Esto no impide a los autores de la carta hablar de la necesidad urgente de dialogar con los ganaderos para solucionar este «conflicto emergente».

Esta carta significó un espaldarazo para el concepto de los buitres como cazadores de ganado con todas sus implicaciones políticas, pero prácticamente no ofrecía detalles científicos. Para encontrar más datos habría que esperar a la publicación de un estudio más técnico de los mismos autores en la revista Oryx en 2014, con el intimidatorio título de «Vultures vs livestock: conservation relationships in an emerging conflict between humans and wildlife». En dicho estudio encontramos la siguiente frase: «La caza oportunista de pequeños y medianos vertebrados se ha reportado como frecuente en el caso de algunas especies de buitres del Nuevo Mundo pero sólo de manera ocasional en buitres del Viejo Mundo. Los buitres leonados, sin embargo, son carroñeros obligados, especializados en el consumo de carroñas de grandes ungulados» (la traducción y las cursivas son mías). Dicho en otras palabras, no existe ni un solo reporte científico de un buitre leonado cazando presas vivas, y el artículo de Margalida y coautores tampoco lo aporta. Al fin y al cabo, si pudiese incluir un reporte semejante, no sólo publicaría en Nature sino que su foto saldría en la portada. ¿En qué datos se basa entonces el artículo en cuestión? Muy sencillo: en la comparación entre la cantidad de denuncias presentadas y las aceptadas, donde aquellas aceptadas por la administración se cuantifican como ejemplos de ataques reales.

¿No se les ocurre a los autores pensar que la aceptación por parte de la administración de una denuncia puede obedecer a criterios políticos y sociales tanto o más que a criterios técnicos? Sin duda que se les ocurre, y por ello se apresuran a admitir que la «falta de datos científicos» es un factor agravante de este «conflicto» entre buitres y ganadería. Postular un cambio en el comportamiento de alimentación de los buitres como origen de este conflicto es una hipótesis totalmente gratuita, especialmente si tenemos en cuenta las circunstancias que describen los autores como típicas de los supuestos ataques: éstos coinciden casi siempre con el parto de las reses abandonadas en el campo. ¿No es más razonable entonces pensar que el incremento en las denuncias refleja una combinación de dos factores, a saber, el aumento de la presencia de reses sin custodiar que dan a luz en el monte, y el conocimiento de que la administración está dispuesta a compensar las bajas tras la aportación de simple evidencia circunstancial?

El artículo en cuestión dibuja un escenario de conflicto creciente que requeriría complejas estrategias de diálogo entre sectores enfrentados (¡el paraíso para los políticos!), pero lo cierto es que una medida tan elemental como la custodia de las reses a punto de parir acabaría de un plumazo con las correspondientes bajas en la cabaña ganadera, con las denuncias, con el coste de las indemnizaciones, y con la espeluznante amenaza de los venenos a la que también se alude en el artículo. Lo cierto es que tras leer el texto atentamente y de cabo a rabo, queda claro que en él no se describe una realidad biológica, sino una situación sociopolítica en la cual el comportamiento real de los buitres tiene una incidencia mínima y de hecho es una simple excusa. Por desgracia, para llegar a estas conclusiones es necesario leer los artículos completos, mientras que las versiones comprimidas (como la carta a Nature) o directamente distorsionadas (como los titulares de prensa que acompañaron a la publicación en su momento) contribuyen a crear una ficción que se va asentando, no ya en contra, sino al menos parcialmente debido a la labor de algunos científicos.

En última instancia, la realidad más determinante en toda esta historia es el poder perverso de las compensaciones económicas por daños (y esto se aplica por igual a buitres o lobos) para desfigurar más allá de toda proporción las relaciones entre la sociedad y el patrimonio natural. Lo que es urgente no es tanto el enésimo diálogo entre sectores para retocar los montos y condiciones de las compensaciones, si no la implementación de un modelo alternativo que incentive la convivencia con la fauna sin eliminar, como hace el modelo actual, la motivación para proteger el ganado.

LOBO MARLEY
7 abril 2017

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El monstruo del lago Ness

23 febrero , 2017

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MUY INTERESANTE

Un ser antediluviano vive plácidamente en las oscuras aguas de este lago escocés, oculto a la mirada de todos.

Nessieteras rhombopteryx. Así lo llaman muchos de sus más fervientes admiradores, que dicen que es un plesiosaurio. Su debut en el papel cuché de los misterios tuvo lugar en 1933, cuando apareció una noticia en el periódico escocés Inverness Courier: un anónimo corresponsal —que después se sabría que fue el alguacil del lago Ness— contaba como el matrimonio MacKay vio en la superficie del lago algo que solo podía ser causado por un monstruo de gran tamaño. Como no podía ser de otro modo, ése año y el siguiente fueron especialmente fructíferos en apariciones estelares del monstruo. Quizá cansado de tener siempre detrás a los paparazzis, desapareció hasta 1951. Pero su paso a Hollywood lo dio en 1960, cuando un ingeniero aeronáutico llamado Tim Dinsdale lo filmó. Una filmación que no deja muy claro lo que realmente es. Al monstruo no debió gustarle pues volvió a desaparecer.

A pesar de la intensa vigilancia a la que se sometió al lago, nada se supo de él durante años. Dinsdale dijo que la sequía de resultados podía deberse a una presencia demoníaca (de hecho, afirmaba que en diferentes partes del lago podía sentir vibraciones satánicas).

En 1987 se llevó a cabo la mayor operación de rastreo de «algo grande que se mueva» en el lago Ness. Con un coste de 200 millones de las antiguas pesetas, dos docenas de lanchas provistas de sonar barrieron durante tres días el lago escocés, la mayor masa de agua dulce del Reino Unido. La operación Deepscan quedó, como todas las que se han realizado en este lago de 37 km de longitud y 1,68 km de anchura media, en agua de borrajas.

En 2003 la BBC decidió dar un carpetazo al asunto: 600 haces de sonar recorrieron con precisión milimétrica todo el lago para que el monstruo no pudiera esconderse detrás de ninguna roca. Lo único raro que se detectó fue una boya amarrada a bastantes metros bajo la superficie.

Nessie, como todos los misterios paranormales, es un buen negocio turístico, aunque el interés ha ido cayendo en los últimos años. Siguiendo esta estela, el monstruo también ha descendido en sus apariciones: de 10 a 20 hace una década a prácticamente nada en los últimos años.

MA. SABADELL

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La jirafa se convierte en especie amenazada

12 diciembre , 2016

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Agencia SINC
9 diciembre 2016

La jirafa africana Giraffa camelopardalis, uno de los animales más reconocibles de la megafauna africana, se encuentra en peligro. Según la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su población ha pasado de unos 150.000 ejemplares a poco más de 97.000 en los últimos 30 años. Esta reducción del 40% ha cambiado su clasificación de «preocupación menor» a «vulnerable».

«A pesar de que es muy común verlas en safaris, zoos o en los medios, lo cierto es que la gente —incluidos los conservacionistas— no se da cuenta de que se dirigen a una extinción silenciosa», cuenta Julian Denessy, codirector de la Species Survival Commission de la UICN y director de la Giraffe Conservation Foundation.

La mayor amenaza para la la jirafa africana es el crecimiento de la población humana en su hábitat. La expansión de la agricultura o la minería, la caza ilegal o los conflictos civiles son factores que están conduciendo a la especie hacia su extinción.

La UICN tan solo reconoce a la jirafa como una única especie con nueve subespecies, a pesar de que varias pruebas genéticas han demostrado que existen al menos cuatro especies de jirafa africana de las cuales, tres podrían incluirse en la Lista Roja como «amenazadas de forma considerable» de aceptarse estos nuevos hallazgos.

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Fue al baño en una cueva y realizó un descubrimiento arqueológico de 49.000 años

27 noviembre , 2016

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En una expedición encabezada por el arqueólogo Giles Hamm uno de los miembros del equipo tuvo que hacer una pausa y encontró huesos y herramientas clave para comprender la colonización humana en ese continente.

DIARIO REGISTRADO
3 noviembre 2016

Fue en la zona conocida como Flinders Ranges cuando en un momento uno de los nativos que formaba parte del equipo de expedición avisó que necesitaba ir al baño. Clifford Coulthard se acercó hasta unas rocas alejadas y le llamó la atención que tuviera marcas de fuego.

«Que personas enciendan fuego en un cobertizo rocoso, significa actividad humana», planteó el arqueólogo que decidió explorar un poco más la zona. Los rastrillajes permitieron el hallazgo de fragmentos de herramientas sofisticadas y 200 restos de huesos de un gigantesco marsupial que vivió en Australia hace unos 49.000 mil años atrás, según las estimaciones.

Los aborígenes australianos son los más antiguos que continuaron su civilización, incluso se cree que fueron los primeros que abandonaron África de acuerdo con un estudio genético realizado por la Universidad de Copenhage.

«Si llegaron 50.000 años atrás, no les dio mucho tiempo para moverse tan rápidamente hacia el sur. Podría haber sido colonizado mucho antes de eso. Podría ser 55 mil o 60 mil años atrás», cree el arqueólogo que con este hallazgo puede llegar a modificarse completamente la historia de las migraciones en Australia.

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Diprotodon optatum, llegaban a medir hasta dos metros de alto
y pesar 2.500 kilogramos.
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¿Por qué hay hormigas aladas en otoño?

14 noviembre , 2016

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CORTEJO OTOÑAL

ABC Ciencia
17/10/2016

Con las primeras lluvias del otoño emergen de los hormigueros las hormigas aladas, que son nuevas reinas encargadas de fundar hormigueros. Las que salen en otoño son las especies que se alimentan de semillas. El resto volaron en verano, aunque por su menor tamaño pasaron desapercibidas.

En algunas especies, las reinas son más grandes que los machos. Estos últimos viven sólo unas pocas semanas. Lo justo para fecundar a las hembras voladoras. Después, mueren. Y es que los hormigueros son el realidad un gran matriarcado, compuesto exclusivamente por hembras la mayor parte del tiempo.

Inmediatamente después de ser fecundada por uno de los efímeros machos, la hormiga reina pierde sus alas. Ya no las necesitará porque va a pasar el resto de su vida dentro del hormiguero, como ha hecho antes de su vuelo nupcial. Sólo se ha tomado unas pequeñas vacaciones para encontrar una pareja que la permita formar su propia colonia.

Aprovechan que la tierra se humedece con las primeras lluvias para cavar un refugio donde pasará el resto del invierno inactiva (hibernando). Hacia la primavera comenzará a poner huevos. Al principio, sólo 6 o 7 a la semana. Como no sale del nido, utiliza parte de los huevos para su propia alimentación y la de su progenie. Cuando las primeras larvas se transformen en obreras y salgan en busca de alimento, la reina aumentará su ritmo de puesta de huevos, llegando hasta los 300 por semana.