Archive for the ‘Animalitos’ Category

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La devastadora imagen que «conmueve y enseña a la sociedad»

9 octubre , 2017

oso basurero

La naturaleza nos puede sorprender tanto con su belleza como con su lado cruel. El último normalmente se debe a errores que cometemos los humanos sin pensar en las consecuencias de nuestros actos.

GONZOO

Por más veces que se diga el famoso dicho: «hay imágenes que valen más que mil palabras», siempre existe esa fotografía que confirma la frase de una manera inesperada.

Troy Moth es un fotógrafo que ha colaborado con varias revistas de distinto género y con una trayectoria reconocida por todo el mundo. Disfruta viajando por paisajes naturales y retrata cualquier cosa que le salga en el camino convirtiéndolo en arte.

Uno de sus últimos hallazgos fue la imagen de un oso reposando en la orilla de lo que aparenta ser un vertedero y rodeado de humo. El ambiente era asfixiante y la imagen devastadora.

«Cuando terminé de hacerle fotografías, el oso se dio la vuelta lentamente para volver al hoyo de humo hasta desaparecer completamente de mi vista. Desde entonces no volví a verle», escribe Troy Moth en un texto junto a la publicación de la imagen.

«Después de procesar la foto no estoy seguro de cómo sentirme al respecto, pero afirmo que es la imagen que más me ha conmovido y la que más me va a enseñar», concluía.

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Los huesos de los dodos arrojan luz sobre su ecología

24 agosto , 2017

fauna extinta Mauricio

Agencia SINC

El dodo, un ave no voladora que habitó las islas Mauricio, en el océano Índico, es una especie icónica de la extinción animal causada por el hombre. Aunque desapareció en el siglo XVII, muchas personas están familiarizadas con esta especie por su aparición en películas como Alicia en el País de las Maravillas, Ice Age o Up. Sin embargo, no existe una descripción precisa sobre su aspecto, en el que no se ponen de acuerdo los dibujos y documentos históricos.

Ahora, investigadores sudafricanos y británicos han analizado la ecología de estas aves a partir del análisis de fósiles de 22 dodos. Los resultados, publicados en Scientific Reports, revelan una gran reabsorción de calcio en sus huesos, lo que indicaría que cada año mudaban sus plumas. Según los expertos, los cambios significativos en el color y el plumaje a lo largo del año podría explicar las discrepancias en las descripciones que hacían los navegantes.

Los autores proponen que la temporada de cría de estas aves comenzaba en agosto, con la ovulación de las hembras y posterior fecundación. Luego eclosionaban los polluelos, que crecían rápidamente hasta alcanzar un buen tamaño, lo que les ayudaba a resistir las duras condiciones del verano austral y la temporada de ciclones (de noviembre a marzo). Tras el verano austral comenzaba la muda, que se completaba a finales de julio, justo a tiempo para que los dodos estuvieran listos para su próxima temporada de cría.

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‘Elogio’ a la rata gris

1 agosto , 2017

rata gris

  No vamos a negar la animadversión que la humanidad tiene hacia este ser escurridizo y fugitivo, pero no queremos dejar de transmitir lo que los especialistas en control de plagas nos han contado tantas veces. «Si la rata se extinguiera en su totalidad, la acumulación de gas metano fruto de los desechos retenidos en la red de alcantarillas, haría saltar por los aires algunas de nuestras calles más importantes…, es bueno que controlemos su población, pero dejemos que sigan allá abajo, consumiendo y moviendo los detritus, haciendo su papel de poceras a pesar de que nos disguste encontrárnoslas de vez en cuando.»

LUIS MIGUEL DOMÍNGUEZ
Fauna callejera (1994)

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¡¡¡Caza NO!!!

21 mayo , 2017

Arrimaros sin espantarlos e intentar
hacer la foto con el móvil…

¡Esto sí que suelta adrenalina y
no la crueldad innecesaria de la caza!
Y después largarse,
sin molestar.

cazar no

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El antepasado de la ballena barbada se alimentaba por succión

13 mayo , 2017

Mystacodon

Agencia SINC
11 mayo 2017

Científicos del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales han hallado en la cuenca del río Pisco (Perú) el fósil de una nueva especie de ballena que supondría el paso evolutivo entre las ballenas arcaicas, los basilosáuridos, y las ballenas barbadas (misticetos).

La gran diferencia se encuentra en la dentadura. Este espécimen tenía dientes y se alimentaba por succión. Perseguía y cazaba a sus presas, succionándolas en su gran boca, mientras que los basilosáuridos eran cazadores activos con bocas que servían para morder y atacar, similares a las orcas.

Los misticetos, sin embargo, se alimentan por filtración. En lugar de dientes tienen unas fibras de queratina llamadas comúnmente ‘barbas de ballena’. La ballena barbada se alimenta de pequeños animales marinos, como los camarones, que se quedan atrapados en esas ‘barbas’.

La nueva criatura vivió en el Eoceno Tardío, hace unos 36,4 millones de años, según los investigadores. Teniendo en cuenta el ejemplar desenterrado, estos animales medirían unos 3,75 y 4 metros de largo. Por sus dientes, los paleontólogos lo han bautizado como Mystacodon selenensis (misticeto dentado), en el estudio que se publica esta semana en la revista Current Biology.

«Este hallazgo llena el gran vacío en la historia de este grupo animal, y da pistas sobre la ecología de los primeros misticetos», explica el paleontólogo y coautor del estudio Olivier Lambert, del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Los científicos creen que el Mystacodon representa el paso intermedio entre la caza y la alimentación por filtración, y entre los antiguos basilosáuridos y los misticetos modernos.

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El ataque de los buitres asesinos

8 abril , 2017

buitres leonados

Por MAURICIO ANTÓN

Junto con la expansión apocalíptica de los lobos y los ataques al ganado por meloncillos y cuervos sedientos de sangre, una de las leyendas que más cuerpo está cobrando en la pseudo-zoología ibérica contemporánea es la de los «buitres asesinos». Se viene argumentando que la escasez de carroñas en el campo a raíz del mal de las «vacas locas» ha llevado a generaciones de buitres a vivir al límite de la inanición, haciéndoles más agresivos que nunca y proclives, en su desesperación, a comportarse como depredadores activos y atacar a reses vivas. Un relato atractivo pero que contraviene conceptos básicos de la ciencia. Para empezar, el buitre es un carroñero especializado, carente de las garras y el pico afilados que permiten a las águilas dar muerte a sus presas, y esa especialización, desde el punto de vista evolutivo, no tiene vuelta atrás. Un buitre no puede matar a una oveja como no quiera hacerlo a besos. Y para continuar, si una población de buitres se enfrenta a una escasez de recursos continuada, el resultado inmediato no será un cambio en el nicho ecológico de esta especie (definido por millones de años de evolución) sino que cada año sobrevivan menos pollos, hasta que la población se ajuste a los recursos disponibles. Sin embargo, existe al menos una publicación científica de prestigio que parece desafiar estos hechos y ha contribuido a propiciar la leyenda de los buitres asesinos.

En una carta a Nature de 2011 titulada «European vultures’ altered behaviour» (o sea, «El comportamiento alterado de los buitres europeos»), Margalida, Campión y Donázar afirmaban que «los buitres leonados de España y el Sur de Francia se han convertido en matadores de ganado, según las numerosas denuncias recibidas por las autoridades». Esta primera frase del artículo ya hace saltar las alarmas: ¿un hecho científico queda establecido por la cantidad de denuncias? Según esa lógica, la cantidad de denuncias a la Inquisición demostraría sin duda que las brujas no sólo abundaban en la Europa medieval, sino que además volaban con más maniobrabilidad que los buitres ahora tan temidos. Esto no impide a los autores de la carta hablar de la necesidad urgente de dialogar con los ganaderos para solucionar este «conflicto emergente».

Esta carta significó un espaldarazo para el concepto de los buitres como cazadores de ganado con todas sus implicaciones políticas, pero prácticamente no ofrecía detalles científicos. Para encontrar más datos habría que esperar a la publicación de un estudio más técnico de los mismos autores en la revista Oryx en 2014, con el intimidatorio título de «Vultures vs livestock: conservation relationships in an emerging conflict between humans and wildlife». En dicho estudio encontramos la siguiente frase: «La caza oportunista de pequeños y medianos vertebrados se ha reportado como frecuente en el caso de algunas especies de buitres del Nuevo Mundo pero sólo de manera ocasional en buitres del Viejo Mundo. Los buitres leonados, sin embargo, son carroñeros obligados, especializados en el consumo de carroñas de grandes ungulados» (la traducción y las cursivas son mías). Dicho en otras palabras, no existe ni un solo reporte científico de un buitre leonado cazando presas vivas, y el artículo de Margalida y coautores tampoco lo aporta. Al fin y al cabo, si pudiese incluir un reporte semejante, no sólo publicaría en Nature sino que su foto saldría en la portada. ¿En qué datos se basa entonces el artículo en cuestión? Muy sencillo: en la comparación entre la cantidad de denuncias presentadas y las aceptadas, donde aquellas aceptadas por la administración se cuantifican como ejemplos de ataques reales.

¿No se les ocurre a los autores pensar que la aceptación por parte de la administración de una denuncia puede obedecer a criterios políticos y sociales tanto o más que a criterios técnicos? Sin duda que se les ocurre, y por ello se apresuran a admitir que la «falta de datos científicos» es un factor agravante de este «conflicto» entre buitres y ganadería. Postular un cambio en el comportamiento de alimentación de los buitres como origen de este conflicto es una hipótesis totalmente gratuita, especialmente si tenemos en cuenta las circunstancias que describen los autores como típicas de los supuestos ataques: éstos coinciden casi siempre con el parto de las reses abandonadas en el campo. ¿No es más razonable entonces pensar que el incremento en las denuncias refleja una combinación de dos factores, a saber, el aumento de la presencia de reses sin custodiar que dan a luz en el monte, y el conocimiento de que la administración está dispuesta a compensar las bajas tras la aportación de simple evidencia circunstancial?

El artículo en cuestión dibuja un escenario de conflicto creciente que requeriría complejas estrategias de diálogo entre sectores enfrentados (¡el paraíso para los políticos!), pero lo cierto es que una medida tan elemental como la custodia de las reses a punto de parir acabaría de un plumazo con las correspondientes bajas en la cabaña ganadera, con las denuncias, con el coste de las indemnizaciones, y con la espeluznante amenaza de los venenos a la que también se alude en el artículo. Lo cierto es que tras leer el texto atentamente y de cabo a rabo, queda claro que en él no se describe una realidad biológica, sino una situación sociopolítica en la cual el comportamiento real de los buitres tiene una incidencia mínima y de hecho es una simple excusa. Por desgracia, para llegar a estas conclusiones es necesario leer los artículos completos, mientras que las versiones comprimidas (como la carta a Nature) o directamente distorsionadas (como los titulares de prensa que acompañaron a la publicación en su momento) contribuyen a crear una ficción que se va asentando, no ya en contra, sino al menos parcialmente debido a la labor de algunos científicos.

En última instancia, la realidad más determinante en toda esta historia es el poder perverso de las compensaciones económicas por daños (y esto se aplica por igual a buitres o lobos) para desfigurar más allá de toda proporción las relaciones entre la sociedad y el patrimonio natural. Lo que es urgente no es tanto el enésimo diálogo entre sectores para retocar los montos y condiciones de las compensaciones, si no la implementación de un modelo alternativo que incentive la convivencia con la fauna sin eliminar, como hace el modelo actual, la motivación para proteger el ganado.

LOBO MARLEY
7 abril 2017

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El monstruo del lago Ness

23 febrero , 2017

loch-ness

MUY INTERESANTE

Un ser antediluviano vive plácidamente en las oscuras aguas de este lago escocés, oculto a la mirada de todos.

Nessieteras rhombopteryx. Así lo llaman muchos de sus más fervientes admiradores, que dicen que es un plesiosaurio. Su debut en el papel cuché de los misterios tuvo lugar en 1933, cuando apareció una noticia en el periódico escocés Inverness Courier: un anónimo corresponsal —que después se sabría que fue el alguacil del lago Ness— contaba como el matrimonio MacKay vio en la superficie del lago algo que solo podía ser causado por un monstruo de gran tamaño. Como no podía ser de otro modo, ése año y el siguiente fueron especialmente fructíferos en apariciones estelares del monstruo. Quizá cansado de tener siempre detrás a los paparazzis, desapareció hasta 1951. Pero su paso a Hollywood lo dio en 1960, cuando un ingeniero aeronáutico llamado Tim Dinsdale lo filmó. Una filmación que no deja muy claro lo que realmente es. Al monstruo no debió gustarle pues volvió a desaparecer.

A pesar de la intensa vigilancia a la que se sometió al lago, nada se supo de él durante años. Dinsdale dijo que la sequía de resultados podía deberse a una presencia demoníaca (de hecho, afirmaba que en diferentes partes del lago podía sentir vibraciones satánicas).

En 1987 se llevó a cabo la mayor operación de rastreo de «algo grande que se mueva» en el lago Ness. Con un coste de 200 millones de las antiguas pesetas, dos docenas de lanchas provistas de sonar barrieron durante tres días el lago escocés, la mayor masa de agua dulce del Reino Unido. La operación Deepscan quedó, como todas las que se han realizado en este lago de 37 km de longitud y 1,68 km de anchura media, en agua de borrajas.

En 2003 la BBC decidió dar un carpetazo al asunto: 600 haces de sonar recorrieron con precisión milimétrica todo el lago para que el monstruo no pudiera esconderse detrás de ninguna roca. Lo único raro que se detectó fue una boya amarrada a bastantes metros bajo la superficie.

Nessie, como todos los misterios paranormales, es un buen negocio turístico, aunque el interés ha ido cayendo en los últimos años. Siguiendo esta estela, el monstruo también ha descendido en sus apariciones: de 10 a 20 hace una década a prácticamente nada en los últimos años.

MA. SABADELL