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De luto por las víctimas de la violencia religiosa y los antivacunas

28 junio , 2015

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   MAGONIA
La violencia religiosa acabó ayer con decenas de vidas en Francia, Kuwait, Túnez y Somalia; el fanatismo anticientífico ha asesinado en España a un niño de 6 años al que sus padres no quisieron vacunar contra la difteria, una enfermedad prevenible de la que no se había registrado ningún caso en nuestro país en décadas. Los terroristas islámicos y antivacunas han conseguido sus objetivos. Por eso hoy estoy de luto. Los antivacunas son unos criminales que fomentan el maltrato infantil, explotan el miedo y la irracionalidad; y los dioses también. Como escribe Manuel Jabois en El País, «un mundo sin Dios sería un mundo objetivamente mejor. Sería, para empezar, un mundo sin coartadas. Tanto para hacer el mal como para hacer el bien». Mi único deseo, además de que no haya más víctimas de la sinrazón, es que los medios que no son equidistantes con otros tipos de terrorismo tampoco lo sean con el de los antivacunas y éstos, en sus diferentes variantes, dejen de aparecer en prensa, radio y televisión como una de las partes implicadas en un debate inexistente.

Luis Alfonso Gámez

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Las islas de los gatos

21 junio , 2015

Aoshima

El gato doméstico llegó en barco a Japón sobre el siglo VI d.C., en especial, para combatir a los roedores que eran plaga. En el Lejano Oriente para proteger la fabricación de la seda utilizaban a estos felinos, ya que ponían a raya a las poblaciones de ratones que se comían los capullos de los gusanos de seda. Son animales venerados, y según sus creencias son portadores de fortuna y buena salud. Darlos de comer da suerte, dicen.

En el país nipón hay más de una docena de islas con habitadas por estos pequeños carnívoros, incluso con algún templo. En la prefectura de Miyagi, al este de la gran isla de Honshu, se encuentra Tashirojima. Con 100 habitantes humanos y, muchos, muchos gatos (y santuario con forma de gato). Es un lugar que atrae a turistas con gustos gatunos.

Tashirojima

Más al sur, en Shikoku (la más pequeña de las cuatro islas principales japonesas) en la prefectura de Ehime, está Aoshima con apenas medio kilómetro cuadrado de superficie y 20 habitantes, todos jubilados. A cada persona le corresponde, en proporción, seis gatos (unos 120 mininos hay). No es turística pero atrae a curiosos.

Aoshima def.

Poco más al norte, en la misma prefectura está Muzukijima, la única isla no dedicada a la pesca, sino a los cítricos, pero con importante población gatuna. Además, también hay otras islas-gato (Nekojima en japonés) en otros lugares como Enoshima, Okishima, Sanagijima, Manabeshima, Iwaishima, Aijima, Aishima, Genkaijima, Kadarashima, Yushima y Taketomijima, en total 14.

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Matar a nuestro mejor amigo

24 mayo , 2015

amigo lobo

Por MAURICIO ANTÓN
(Secretario General de Lobo Marley)

Se he dicho muchas veces que el perro es el mejor amigo del hombre, pero resulta asombrosa la crueldad inhumana con la que llegamos a tratar a esos seres inocentes que llevan miles de años dándonos su amor incondicional. Nuestra insensibilidad resulta aún más decepcionante a la vista de las teorías más recientes sobre la domesticación del perro. Según las evidencias, ese proceso no se inició, como se solía creer, con la adopción por parte de una tribu de humanos paleolíticos de algún cachorrillo de lobo arrebatado a su manada. Al contrario, todo habría comenzado con la aproximación espontánea hacia los humanos por parte de los lobos, que llevados por el hambre y la curiosidad, frecuentaban los campamentos de nuestros antepasados y comían los restos de sus banquetes. Y así terminaron, convirtiéndose en aliados del Homo sapiens en la caza y en la vida, y tal vez otorgando a nuestra especie la ventaja definitiva sobre los neandertales que entonces competían con nosotros por los recursos. Es inevitable preguntarse si aquellos lobos se lo habrían pensado dos veces, de haberse imaginado la ingratitud futura de sus nuevos «amigos».

Pero, cualquiera que sea el origen de la domesticación del perro, el hecho científico incontestable es la identidad del perro y el lobo, que biológicamente son en su origen una y la misma especie. Ahora bien, si el lobo domesticado ha sufrido todo género de abusos por nuestra parte, el destino de aquellos que conservaron su libertad ha sido en cierto modo más cruel. Muchas personas que dispensan a sus mascotas un trato humano y hasta cariñoso luego no dudan en calificar al lobo de alimaña y perseguirlo con saña inaudita. Nuestras leyes al menos contemplan castigos para los que maltratan a sus perros, pero todavía permiten la caza «deportiva» del lobo como una manera aceptable de matar el tiempo.

¿Por qué es aún permisible matar a los parientes libres, salvajes, de nuestro mejor amigo? Por la cabeza de muchos pasará la respuesta «porque se comen a las ovejas», pero ésta es inadecuada por dos razones: primero, porque los ataques de los lobos afectan como mucho al 1% de nuestra cabaña ganadera y el coste de esos daños (que casi siempre se podrían haber evitado con las oportunas medidas preventivas) es muy fácil de asumir para la administración. Y segundo, porque la motivación de las personas que aprietan el gatillo para matar a muchos de nuestros lobos ibéricos no tiene nada que ver con los daños al ganado, salvo en la medida en que los utilicen como excusa para ocultar (u ocultarse a sí mismos) otras razones.

Para conocer la motivación real, resulta instructiva una entrevista, emitida recientemente en una televisión regional, con dos delincuentes que se dedican a la caza furtiva. Ocultos tras sus pasamontañas, admiten que el único animal al que disparan siempre y en toda circunstancia es el lobo. ¿Por qué, se pregunta uno? ¿Tal vez para librar al campo de un animal que ellos consideran dañino? Pues no, lo hacen por motivos económicos. «El lobo siempre lo tenemos vendido», reconocen ante la cámara. Y es que la demanda por los despojos del lobo ibérico es incesante. Por eso los furtivos los congelan en sus arcones y los sacan cuando se lo piden los organizadores de cacerías de lobos, que se los pagan a buen precio. Se trata de un engaño siniestro, donde al «señorito» que desea matar un lobo pero no tiene suficiente puntería se le lleva hasta el cadáver de un cánido que ha pasado meses congelado, haciéndole creer que él lo derribó.

Aquí asoma su fea cara una motivación vilmente monetaria, que lleva a estos sujetos sin escrúpulos a matar a cuanto lobo se cruza en su camino, (y sobre todo a los que NO se cruzan, a los que atraen con cebaderos ilegales). Pero tampoco es éste el origen último de este negocio: la clave de todo negocio ilegal es que no sólo hay quien vende, sino también quien está obsesionado con comprar determinadas cosas, al precio que sea. Y nuestros dos encapuchados nos vuelven a ilustrar cuando se les pregunta qué trofeo es el más pretendido por los coleccionistas: «lo que más te pagan son los lobos», responden sin titubear.

Ahora nos estamos acercando más a la respuesta que buscamos. Los cazadores «deportivos» pagan tanto por un lobo que éste se ha convertido en el trofeo más codiciado, a pesar de que cazar a un superdepredador es contrario al origen mismo de la caza en la humanidad: la subsistencia. Y es que el deseo de matar lobos en realidad obedece a un impulso muy distinto: la fascinación hacia el carnívoro más poderoso de los ecosistemas holárticos. El cazador humano percibe la potencia del lobo, que es el emblema más imponente de la naturaleza salvaje, y por ello colgar su cabeza disecada en el salón se percibe como un logro más importante que los trofeos más espectaculares de ciervo o cabra montés. El cazador siente que se pone a prueba ante el lobo, y si encima es el macho alfa de la manada, con su poderosa cabeza, el que cae bajo sus balas, entonces el «subidón» de adrenalina bien le compensa por todo el dinero que se pague por él, y por el hecho de saltarse la ley en el empeño, si ello fuese necesario. Y por desgracia casi siempre lo es, ya que abatir a un lobo en condiciones más leales, sin recurrir a cebaderos, es una hazaña que casi ninguno de nuestros cazadores podría acometer. Esta descripción de las motivaciones del cazador no me la invento yo, si no que se desprende claramente de la lectura de cualquier panfleto publicitario de las empresas que ofertan la caza del lobo, en cuyos textos se describe sin ningún sonrojo todo lo que acabo de exponer en este párrafo.

Esta situación puede resultar tan ofensiva como desesperanzadora para cualquier lector sensible, y sin embargo contiene el germen de la esperanza del cambio. ¿Por qué? Muy sencillo. La fascinación por el lobo es una emoción real y profunda, que sólo se vuelve negativa al mezclarse con la violencia y el ansia de dominio. Es como el amor, que puede tener consecuencias tan funestas al desembocar en el abominable «la maté porque era mía». Si separamos la fascinación por el lobo de los rasgos más inmaduros del carácter, entonces esa emoción tiene el potencial de llevarnos hacia una relación productiva con la naturaleza salvaje. Los ejemplos están por todas partes, pero para mí uno de los más hermosos es la transformación que se está produciendo en la cultura Samburu de Kenia. Esta tribu de pastores aguerridos tradicionalmente han matado a los leones como muestra de hombría y en parte en venganza por los daños al ganado. Pero recientemente algunos de ellos se han dado cuenta de que los tiempos han cambiado, y de que la amenaza que pende sobre el león también se cierne sobre sus propias cabezas. Y, haciendo uso de esa cualidad tan propia del ser humano —el raciocinio— han decidido cambiar y dar un paso hacia adelante. Ahora su manera de ganar su pulso con el león es convertirse en sus protectores, y usar sus dotes de guerreros para salvar al león de la extinción. Mis amigos del grupo conservacionista «Ewaso Lions» están siendo testigos de excepción y colaboradores de este cambio histórico, que es un síntoma de que la llegada de la madurez de la humanidad puede ocurrir y está ocurriendo. Y ahora tiene que ocurrir en España también. El lobo, igual que el león, es un imán de primera magnitud para el turismo de naturaleza, y puede traer prosperidad a comarcas que hoy languidecen bajo el sistema de propinas y sobornos de la caza del lobo. Pero dar el paso hacia ese turismo no puede ser un fin en sí mismo, es sólo el principio del cambio hacia una relación mucho más armoniosa con el entorno natural.

Hasta aquí me he centrado en la motivación cinegética que mantiene el negocio de la caza del lobo, aunque sé que muchas muertes de lobos en nuestro país obedecen a otro impulso igualmente ancestral: el odio, tanto hacia el animal en sí, como hacia las personas que luchan por su defensa. El odio, que nos parece algo tan terriblemente esencial, en realidad es el pasatiempo más barato para las mentes simples, y esto lo saben bien los políticos oportunistas que lo explotan a la menor oportunidad. Y ellos saben que, puesto en la balanza frente a algo tan refinado como la sensibilidad ambiental, el odio pesa y la inclina, como el plomo de las balas con las que se expresa.

Y sin embargo, la sensibilidad hacia la naturaleza no es un lujo ni un divertimento. Es la cualidad que permitió a nuestros antepasados del paleolítico sobrevivir como especie, y aunque su utilidad pueda quedar enmascarada en medio de nuestro espejismo tecnológico, hoy es más crucial que nunca. Se nos viene encima una crisis medioambiental frente a la cual la crisis del ladrillo va a parecer un juego de niños, y muchos se empeñan en mirar para otro lado. Tenemos que estar preparados para hacerle frente si es que nos preocupa en lo absoluto en qué clase de mundo van a crecer nuestros hijos y nietos. Y, así como el lobo fue nuestro aliado ante los retos de la edad del hielo, lo puede ser una vez más ante los actuales desafíos medioambientales. Está en nuestras manos que así sea. Empecemos por exigir la protección del lobo en todo el territorio nacional, y por no votar a quienes específicamente proclamen su persecución. Y después ya irá viniendo lo demás. Va a ser una lucha larga pero por algún sitio hay que empezar.

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Una mini-pantera

3 mayo , 2015

Tras su escapada nocturna, una gata de angora se quedó preñada en el pueblo de mis mayores, y a finales del mes de abril del año 2011 tuvo una camada de cuatro gatitos blancos.

Unas cinco semanas después, en la madrugada del 1 de junio, en un bar en la zona donde vivo, una camarera me dijo que si quería un gatito (a un conocido suyo, que trabajaba en el parador del pueblo, un cliente le entregó la camada gatuna), me la traían —ya que era una gatita blanca con un pequeño mechón negro en su cabecita (que perdió al cabo de un año)— metida en una jaula como si fuera un pajarito. Me la dieron y desde entonces esta felina vive conmigo.

Ha hecho cuatro añitos (el equivalente a unos treinta y tantos humanos) ¡y esta damita sigue siendo «la reina de la casa»!

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Unos bomberos ateos apagan un arbusto en llamas

27 abril , 2015

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HAN DETERMINADO QUE EL INCENDIO NO FUE PROVOCADO POR LA MANO DEL HOMBRE

EL MUNDO TODAY

Negándose a reconocer a Yahveh, que probablemente buscaba a un intermediario para hablar a su pueblo, un grupo de bomberos ateos apagó ayer por la tarde las llamas que envolvían a un arbusto en la Sierra de Guadarrama.

«Acudimos tras la llamada de unos vecinos y ahí estaba, ante nosotros, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Decidimos apagarlo porque no creemos en esas cosas», ha explicado Antonio Auranes, jefe de la cuadrilla de bomberos que se acercó al incendio.

Y el arbusto estaba ardiendo pero no se consumía y los bomberos se detuvieron a comprobar por qué no se consumía y, al sospechar que podía tratarse de Nuestro Dios, lo apagaron sin más miramiento, según ha podido saber la prensa.

«Antonio, Antonio», le dijo la zarza al jefe de la cuadrilla de bomberos, completamente envuelta en luz y llamas, irradiando gloria.

«Heme aquí», declaró Antonio justo antes de dar la orden de activar el agua del camión y dirigirla con la manguera directamente a la base del arbusto sin temer mirar directamente al rostro de Dios.

Tras apagar a la divinidad, los bomberos ateos golpearon repetidamente el suelo sagrado con sus botas y con ramas frescas para asegurarse de que Yahveh no pudiera volver a hacerse visible ante hombre alguno.

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Los gatos ven lo invisible para el ser humano

18 abril , 2015

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Un nuevo estudio británico ha encontrado que los gatos pueden ver cosas invisibles para nuestra vista. El secreto que se esconde detrás de esa visión «superpotente» felina reside en la cantidad de luz ultravioleta (UV) que sus ojos son capaces de absorber, según informaron el viernes medios de comunicación.

HispanTV
14 marzo 2015

Un nuevo trabajo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, ha encontrado que los gatos como así también otros animales ven una forma de luz que normalmente es invisible para los humanos.

El equipo de investigadores británicos determinó que los gatos, perros, renos, roedores, murciélagos, erizos, hurones y okapis detectan importantes niveles de los rayos UV, que a su vez son esenciales para la supervivencia de estas especies.

«Hay muchos ejemplos de cosas que reflejan los rayos UV, que pueden ser vistas por animales sensibles a esos rayos y no así por los humanos», explicó el coautor del estudio, Ronald Douglas.

Son, por ejemplo, patrones en las flores que indican dónde se encuentra el néctar o rastros de orina que ayudan a encontrar la presa. Además, esta capacidad explica por qué los gatos ven mejor de noche y observan durante horas la luz ultravioleta absorbida por algunos objetos como hojas de papel, ciertas telas, detergente de ropa, cosméticos y el champú.

mah/mrk

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Rodrigo Rato visto por Leo Bassi

16 abril , 2015

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Fuente:  https://twitter.com/bassileo/status/588777538182328320

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