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Hallan un libro en un piso del centro de Tordesillas

18 agosto , 2015

Tordesillas cultura

El propietario de la vivienda asegura que no es suyo

ROKAMBOL NEWS

Un equipo de National Geographic, que lleva desde 1998 estudiando la peculiar configuración de la mandíbula de los habitantes de esa localidad, se encontró ayer con el hallazgo de manera fortuita mientras examinaba las herramientas de hueso que los tordesillanos utilizan cada día para trocear, secar y encurtir la evolución del pensamiento.

Envuelto en una bufanda del equipo local de fútbol y con signos de haber sido hojeado en algún momento, el libro podría haber llegado al domicilio por diversas razones, aunque los antropólogos de National Geographic apuestan por alguna de las siguientes:

1. El tordesillano pensó que era un DVD

2. Una broma macabra de los mozos del pueblo

3. Una alteración de la materia

4. Regalo de algún familiar extranjero

5. Cometer un crimen

Tanto el alcalde, como el resto del equipo municipal, han negado conocer la existencia del libro «Ni siquiera sabemos si lleva dentro algún adverbio o cosas sintácticas de esas», ha dicho el primer edil, quien ya ha declarado que no tiene ningún inconveniente en acercarse hasta el libro, acompañado por la Guardia Civil. «De todos modos, yo mandaría antes a un dron, mira lo que te digo», ha aconsejado el alcalde.

Otros vecinos de Tordesillas aseguran, sin embargo, que siempre se han contado leyendas acerca de la presencia de un libro en la comarca, aunque no creían que finalmente apareciera en el mismo centro del pueblo.

El libro, editado en 1967, se titula Tarzán, el rey de la selva, y contiene primorosas ilustraciones.

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Lemmy: ‘rock and roll’ o muerte

7 agosto , 2015

Lemmy

La banda de ‘heavy metal’ Motörhead publica nuevo disco. Las drogas, las ‘strippers’ y el whisky marcan la biografía de su controvertido líder

EL PAÍS
6 agosto 2015

Dice Ian Fraser Kilmister, mundialmente conocido como Lemmy, (Stoke-on-Trent, 1945) que la única religión que le ampara es la del rock and roll. Y no hay mejor exponente que aquello que más le hace sentir vivo: Motörhead, la poderosa banda británica de heavy metal que creó en 1975. Tal vez, por eso, mientras otros compañeros de generación como los Scorpions anuncian giras de despedida para luego volver de inmediato con cierto tufo a estafa, el músico se vuelve a meter con su grupo en un estudio para publicar un nuevo disco electrizante, Bad Magic, el vigésimo segundo de su carrera. Suficiente para alguien que afirma que ¨«la vida es una broma sin chiste final». «Este no deja de ser otro disco de Motörhead. Nada más y nada menos», asegura en una entrevista por correo electrónico.

Lemmy, que llegó a afirmar que hay que elegir entre «el matrimonio y el rock and roll y que la elección está clara porque el sexo dura 30 minutos y un concierto hora y media», se mantiene fiel a su operativa: si las fuerzas aguantan, se va a mantener todavía de pie sobre un escenario. Todo por el rock and roll. «Nosotros solo vamos al estudio cuando tenemos que grabar y lo hacemos en el tiempo que necesitamos. Nunca hemos sido esa clase de banda que necesita un año para hacer sus cosas», dice. También se mantendrá de pie si la salud se lo permite. Arrastra una diabetes y hace dos años tuvo que ser ingresado por un problema de corazón que le obligó a cancelar una gira. A decir verdad, es un milagro que siga vivo tras tantos excesos combinados de drogas y alcohol. Se bebía una botella de Jack Daniels al día mientras jugaba a las tragaperras en los garitos del Sunset Boulevard de West Hollywood.

Más allá de su conocido gusto por el bourbon, es también un personaje musical de envergadura. A él se le asignan importantes bautizos sonoros en Reino Unido: la psicodelia por los caleidoscópicos Hawkwind, el punk por la celeridad de su música y ser mentor del bajista de los Sex Pistols, Sid Vicious, y, sobre todo, el heavy metal después de que James Hetfield de Metallica le calificase como «padrino» del género. Pero a Lemmy le hubiese encantado subirse a aquella nave nodriza que, en los cincuenta, capitanearon «Little Richard, Elvis Presley y Jerry Lee Lewis», músicos que elige como sus favoritos, tres piezas angulares de una revolución.

A estas alturas, un motín musical semejante se prevé improbable, pero el sonido de Motörhead puede también causar estragos. Jarvis Cocker de Pulp definió su estilo como una «tormenta de arena». Y más de un crítico anglosajón lo ha descrito como música para ir a la guerra. Con Mikkey Dee y Phil Taylor ha formalizado un trío indestructible, que trabaja como se hacía antiguamente. «Cameron Webb —productor del disco— nos sugirió que la banda debía escribir y grabar estando juntos en el estudio, en lugar de hacerlo cada uno por separado. Y parece que ha funcionado», asegura. En la canción The Devil participa el guitarrista Brian May de Queen, amigo íntimo de Taylor, y se incluye una versión de Sympathy For The Devil de The Rolling Stones. Extraña la elección: siempre ha defendido con uñas y dientes el catálogo de The Beatles, a los que vio tocar en The Cavern. Ante la pregunta Lemmy responde con una carcajada: «Todo el mundo me hace esta pregunta, y me hace gracia. El luchador Triple H nos propuso grabarla para un documental suyo, y como nos gustó mucho como quedó, decidimos incluirla».

Recientemente, se publicó en España Lemmy. La Autobiografía, un relato sincero y ácido en el que expone sus «cinco mandamientos» —Marlboro, Jack Daniel’s, speed, strippers y tocar rock and roll— y la complicada relación con su padre. «Lo conocí 25 años más tarde… Mi madre y yo pensamos: ‘A lo mejor podemos sacarle unas perras al muy hijo de puta’», escribe. Sus memorias muestran el perfil de un personaje extremo. Como también lo hace el documental Lemmy. En el filme, se conoce su obsesión por la parafernalia militar. «Sigo coleccionando, pero ahora más que nada por el material que me envían los fans», cuenta. Y también se le ve discutiendo de drogas con uno de sus dos hijos (el segundo lo tiene pero no sabe quién es) para dilucidar qué es más conveniente: el speed o la cocaína. El padre escoge la primera opción. Pero ahora no parece dispuesto a darle más vueltas a temas que da ya por zanjados: «Por el momento, solo me planteo dar conciertos y grabar discos. Es lo que más disfruto, mucho más que escribir una biografía o un documental».

Obedeciendo a la letra del clásico de Motörhead, Ace Of Spades, es fácil descifrar las claves de su perseverancia. «Si te gusta el juego, yo soy tu hombre. A veces se gana, otras se pierde, a mí me da lo mismo. El placer es jugar, no me importa lo que digas. No comparto tu codicia, la única carta que necesito es el As de Picas».

Bad Magic

Una vida errante en el lado más salvaje

Abandonado por su padre. Se crió con su madre y su abuela. De su padre, al que conoció 25 años después de su nacimiento, ha dicho que «fue un pobre imbécil con gafas» que no hizo nada por él. Le apasionan los videojuegos y la serie de dibujos animados Padre de familia.

Mujeres. Se le han atribuido más de 2.000 mujeres, pero él negó esa cifra. «Han sido unas 1.000».

Drogas. Fue ayudante de Jimi Hendrix, al que le solía conseguir ácido. Nunca ha tomado heroína pero defiende con uñas y dientes una sustancia como el speed.

Rock de alto voltaje. El libro Guinness de los récords atribuyó a Motörhead ser la banda más ruidosa del planeta. «Si cayera la bomba atómica, solo se salvarían las cucarachas y Lemmy».

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La villa romana del Prado en Valladolid

3 agosto , 2015

Tenemos un barrio de pocos años en Valladolid llamado Villa de Prado (debajo del Nuevo Estadio Zorrilla, y entre los barrios de Girón y Huerta del Rey con el de Parquesol), su nombre se debe a que muy cerca existió una villa romana de los siglos III y IV d.C.

Las villas eran unas fincas o mansiones rústicas en las que vivieron un gran propietario con sus colonos y esclavos, además de tener otros edificios como almacenes, bodegas, graneros, establos, talleres y termas; aunque también fuesen —y muy probablemente— templos, lugares de culto (ya que varios monasterios y cenobios de la Alta Edad Media tienen sus orígenes en antiguas villas romanas). En realidad, esta edificación tardorromana, que mencionamos en este caso, no fue una sino dos; una mas antigua que la otra, que debieron desaparecer durante las invasiones bárbaras. La primera durante la segunda mitad del siglo III d.C., con las incursiones guerreras de francos y alamanes, y la segunda con la invasión de vándalos, suevos y alanos de principios del siglo V d.C. Ahora no se puede ver nada ya que las ruinas están enterradas, y sus mosaicos se pueden ver en el Museo de Arqueología de Valladolid y en la Sede de las Cortes de Castilla y León, no muy lejos de la zona.

Vista de Google Map de la zona, y marcados con números las zonas desde las que hice las siguientes fotografías, junto a nuestro amigo Señor R.

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1: Foto efectuada al acceso desde el Camino Viejo de Zaratán. Se puede ver al fondo el Auditorio Miguel Delibes y edificios del barrio de Parquesol. 2: Área debajo de la cual están enterrados las ruinas de las viviendas principales de las villas romanas. Al fondo a la derecha podemos vislumbrar algo del barrio de Villa de Prado. 3: La zona donde estaban las termas. Y 4: Vista de la pequeña arboleda (sauces principalmente) donde estaba la fuente del Caño Morante, y ahora hay muchos conejos.

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Plano topográfico del yacimiento romano vallisoletano de la Villa de Prado. Y las plantas de los dos edificios principales, el más antiguo y pequeño es el de abajo.

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Reconstrucción hipotética de la villa más antigua (la del siglo III d.C.) que pudo ser en realidad un santuario en vez de una vivienda particular.

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Vista aérea, de hace veinte años, del yacimiento, justo enfrente, más o menos, del Nuevo Estadio Zorrilla y del Recinto del Ferial de Valladolid. En el altozano de la izquierda está ahora el Auditorio Miguel Delibes.

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Y otra más reciente, desde el Mirador de la Dehesa en el Cerro de Las Contiendas. Es justo el lugar, que se utiliza como plataforma, desde el que se lanzan los fuegos artificiales en las fiestas de septiembre.

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Cecil, el asesinato de un león

26 julio , 2015

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Sí, es lo que pensamos, Cecil ha sido asesinado. 50.000 euros han tenido la culpa de que este majestuoso animal haya sido cazado por un español. Qué mente tan enferma puede cometer semejante tropelía, no podemos ponernos en la piel de estas personas que previo pago cogen unas armas y deciden ir a cazar a estos maravillosos animales, en este caso ha sido el león Cecil, un animal completamente integrado en su reserva y que con 13 años era un símbolo de su país. Ahora sólo nos queda el consuelo de que este desalmado caiga en manos de la justicia y deje de ir cantando «yo soy español, español, español».

Fuente: https://www.facebook.com/notes/el-mundo-del-gatocom/cecil-el-asesinato-de-un-le%C3%B3n/10153471046652421?pnref=story

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De luto por las víctimas de la violencia religiosa y los antivacunas

28 junio , 2015

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   MAGONIA
La violencia religiosa acabó ayer con decenas de vidas en Francia, Kuwait, Túnez y Somalia; el fanatismo anticientífico ha asesinado en España a un niño de 6 años al que sus padres no quisieron vacunar contra la difteria, una enfermedad prevenible de la que no se había registrado ningún caso en nuestro país en décadas. Los terroristas islámicos y antivacunas han conseguido sus objetivos. Por eso hoy estoy de luto. Los antivacunas son unos criminales que fomentan el maltrato infantil, explotan el miedo y la irracionalidad; y los dioses también. Como escribe Manuel Jabois en El País, «un mundo sin Dios sería un mundo objetivamente mejor. Sería, para empezar, un mundo sin coartadas. Tanto para hacer el mal como para hacer el bien». Mi único deseo, además de que no haya más víctimas de la sinrazón, es que los medios que no son equidistantes con otros tipos de terrorismo tampoco lo sean con el de los antivacunas y éstos, en sus diferentes variantes, dejen de aparecer en prensa, radio y televisión como una de las partes implicadas en un debate inexistente.

Luis Alfonso Gámez

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Las islas de los gatos

21 junio , 2015

Aoshima

El gato doméstico llegó en barco a Japón sobre el siglo VI d.C., en especial, para combatir a los roedores que eran plaga. En el Lejano Oriente para proteger la fabricación de la seda utilizaban a estos felinos, ya que ponían a raya a las poblaciones de ratones que se comían los capullos de los gusanos de seda. Son animales venerados, y según sus creencias son portadores de fortuna y buena salud. Darlos de comer da suerte, dicen.

En el país nipón hay más de una docena de islas con habitadas por estos pequeños carnívoros, incluso con algún templo. En la prefectura de Miyagi, al este de la gran isla de Honshu, se encuentra Tashirojima. Con 100 habitantes humanos y, muchos, muchos gatos (y santuario con forma de gato). Es un lugar que atrae a turistas con gustos gatunos.

Tashirojima

Más al sur, en Shikoku (la más pequeña de las cuatro islas principales japonesas) en la prefectura de Ehime, está Aoshima con apenas medio kilómetro cuadrado de superficie y 20 habitantes, todos jubilados. A cada persona le corresponde, en proporción, seis gatos (unos 120 mininos hay). No es turística pero atrae a curiosos.

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Poco más al norte, en la misma prefectura está Muzukijima, la única isla no dedicada a la pesca, sino a los cítricos, pero con importante población gatuna. Además, también hay otras islas-gato (Nekojima en japonés) en otros lugares como Enoshima, Okishima, Sanagijima, Manabeshima, Iwaishima, Aijima, Aishima, Genkaijima, Kadarashima, Yushima y Taketomijima, en total 14.

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Matar a nuestro mejor amigo

24 mayo , 2015

amigo lobo

Por MAURICIO ANTÓN
(Secretario General de Lobo Marley)

Se he dicho muchas veces que el perro es el mejor amigo del hombre, pero resulta asombrosa la crueldad inhumana con la que llegamos a tratar a esos seres inocentes que llevan miles de años dándonos su amor incondicional. Nuestra insensibilidad resulta aún más decepcionante a la vista de las teorías más recientes sobre la domesticación del perro. Según las evidencias, ese proceso no se inició, como se solía creer, con la adopción por parte de una tribu de humanos paleolíticos de algún cachorrillo de lobo arrebatado a su manada. Al contrario, todo habría comenzado con la aproximación espontánea hacia los humanos por parte de los lobos, que llevados por el hambre y la curiosidad, frecuentaban los campamentos de nuestros antepasados y comían los restos de sus banquetes. Y así terminaron, convirtiéndose en aliados del Homo sapiens en la caza y en la vida, y tal vez otorgando a nuestra especie la ventaja definitiva sobre los neandertales que entonces competían con nosotros por los recursos. Es inevitable preguntarse si aquellos lobos se lo habrían pensado dos veces, de haberse imaginado la ingratitud futura de sus nuevos «amigos».

Pero, cualquiera que sea el origen de la domesticación del perro, el hecho científico incontestable es la identidad del perro y el lobo, que biológicamente son en su origen una y la misma especie. Ahora bien, si el lobo domesticado ha sufrido todo género de abusos por nuestra parte, el destino de aquellos que conservaron su libertad ha sido en cierto modo más cruel. Muchas personas que dispensan a sus mascotas un trato humano y hasta cariñoso luego no dudan en calificar al lobo de alimaña y perseguirlo con saña inaudita. Nuestras leyes al menos contemplan castigos para los que maltratan a sus perros, pero todavía permiten la caza «deportiva» del lobo como una manera aceptable de matar el tiempo.

¿Por qué es aún permisible matar a los parientes libres, salvajes, de nuestro mejor amigo? Por la cabeza de muchos pasará la respuesta «porque se comen a las ovejas», pero ésta es inadecuada por dos razones: primero, porque los ataques de los lobos afectan como mucho al 1% de nuestra cabaña ganadera y el coste de esos daños (que casi siempre se podrían haber evitado con las oportunas medidas preventivas) es muy fácil de asumir para la administración. Y segundo, porque la motivación de las personas que aprietan el gatillo para matar a muchos de nuestros lobos ibéricos no tiene nada que ver con los daños al ganado, salvo en la medida en que los utilicen como excusa para ocultar (u ocultarse a sí mismos) otras razones.

Para conocer la motivación real, resulta instructiva una entrevista, emitida recientemente en una televisión regional, con dos delincuentes que se dedican a la caza furtiva. Ocultos tras sus pasamontañas, admiten que el único animal al que disparan siempre y en toda circunstancia es el lobo. ¿Por qué, se pregunta uno? ¿Tal vez para librar al campo de un animal que ellos consideran dañino? Pues no, lo hacen por motivos económicos. «El lobo siempre lo tenemos vendido», reconocen ante la cámara. Y es que la demanda por los despojos del lobo ibérico es incesante. Por eso los furtivos los congelan en sus arcones y los sacan cuando se lo piden los organizadores de cacerías de lobos, que se los pagan a buen precio. Se trata de un engaño siniestro, donde al «señorito» que desea matar un lobo pero no tiene suficiente puntería se le lleva hasta el cadáver de un cánido que ha pasado meses congelado, haciéndole creer que él lo derribó.

Aquí asoma su fea cara una motivación vilmente monetaria, que lleva a estos sujetos sin escrúpulos a matar a cuanto lobo se cruza en su camino, (y sobre todo a los que NO se cruzan, a los que atraen con cebaderos ilegales). Pero tampoco es éste el origen último de este negocio: la clave de todo negocio ilegal es que no sólo hay quien vende, sino también quien está obsesionado con comprar determinadas cosas, al precio que sea. Y nuestros dos encapuchados nos vuelven a ilustrar cuando se les pregunta qué trofeo es el más pretendido por los coleccionistas: «lo que más te pagan son los lobos», responden sin titubear.

Ahora nos estamos acercando más a la respuesta que buscamos. Los cazadores «deportivos» pagan tanto por un lobo que éste se ha convertido en el trofeo más codiciado, a pesar de que cazar a un superdepredador es contrario al origen mismo de la caza en la humanidad: la subsistencia. Y es que el deseo de matar lobos en realidad obedece a un impulso muy distinto: la fascinación hacia el carnívoro más poderoso de los ecosistemas holárticos. El cazador humano percibe la potencia del lobo, que es el emblema más imponente de la naturaleza salvaje, y por ello colgar su cabeza disecada en el salón se percibe como un logro más importante que los trofeos más espectaculares de ciervo o cabra montés. El cazador siente que se pone a prueba ante el lobo, y si encima es el macho alfa de la manada, con su poderosa cabeza, el que cae bajo sus balas, entonces el «subidón» de adrenalina bien le compensa por todo el dinero que se pague por él, y por el hecho de saltarse la ley en el empeño, si ello fuese necesario. Y por desgracia casi siempre lo es, ya que abatir a un lobo en condiciones más leales, sin recurrir a cebaderos, es una hazaña que casi ninguno de nuestros cazadores podría acometer. Esta descripción de las motivaciones del cazador no me la invento yo, si no que se desprende claramente de la lectura de cualquier panfleto publicitario de las empresas que ofertan la caza del lobo, en cuyos textos se describe sin ningún sonrojo todo lo que acabo de exponer en este párrafo.

Esta situación puede resultar tan ofensiva como desesperanzadora para cualquier lector sensible, y sin embargo contiene el germen de la esperanza del cambio. ¿Por qué? Muy sencillo. La fascinación por el lobo es una emoción real y profunda, que sólo se vuelve negativa al mezclarse con la violencia y el ansia de dominio. Es como el amor, que puede tener consecuencias tan funestas al desembocar en el abominable «la maté porque era mía». Si separamos la fascinación por el lobo de los rasgos más inmaduros del carácter, entonces esa emoción tiene el potencial de llevarnos hacia una relación productiva con la naturaleza salvaje. Los ejemplos están por todas partes, pero para mí uno de los más hermosos es la transformación que se está produciendo en la cultura Samburu de Kenia. Esta tribu de pastores aguerridos tradicionalmente han matado a los leones como muestra de hombría y en parte en venganza por los daños al ganado. Pero recientemente algunos de ellos se han dado cuenta de que los tiempos han cambiado, y de que la amenaza que pende sobre el león también se cierne sobre sus propias cabezas. Y, haciendo uso de esa cualidad tan propia del ser humano —el raciocinio— han decidido cambiar y dar un paso hacia adelante. Ahora su manera de ganar su pulso con el león es convertirse en sus protectores, y usar sus dotes de guerreros para salvar al león de la extinción. Mis amigos del grupo conservacionista «Ewaso Lions» están siendo testigos de excepción y colaboradores de este cambio histórico, que es un síntoma de que la llegada de la madurez de la humanidad puede ocurrir y está ocurriendo. Y ahora tiene que ocurrir en España también. El lobo, igual que el león, es un imán de primera magnitud para el turismo de naturaleza, y puede traer prosperidad a comarcas que hoy languidecen bajo el sistema de propinas y sobornos de la caza del lobo. Pero dar el paso hacia ese turismo no puede ser un fin en sí mismo, es sólo el principio del cambio hacia una relación mucho más armoniosa con el entorno natural.

Hasta aquí me he centrado en la motivación cinegética que mantiene el negocio de la caza del lobo, aunque sé que muchas muertes de lobos en nuestro país obedecen a otro impulso igualmente ancestral: el odio, tanto hacia el animal en sí, como hacia las personas que luchan por su defensa. El odio, que nos parece algo tan terriblemente esencial, en realidad es el pasatiempo más barato para las mentes simples, y esto lo saben bien los políticos oportunistas que lo explotan a la menor oportunidad. Y ellos saben que, puesto en la balanza frente a algo tan refinado como la sensibilidad ambiental, el odio pesa y la inclina, como el plomo de las balas con las que se expresa.

Y sin embargo, la sensibilidad hacia la naturaleza no es un lujo ni un divertimento. Es la cualidad que permitió a nuestros antepasados del paleolítico sobrevivir como especie, y aunque su utilidad pueda quedar enmascarada en medio de nuestro espejismo tecnológico, hoy es más crucial que nunca. Se nos viene encima una crisis medioambiental frente a la cual la crisis del ladrillo va a parecer un juego de niños, y muchos se empeñan en mirar para otro lado. Tenemos que estar preparados para hacerle frente si es que nos preocupa en lo absoluto en qué clase de mundo van a crecer nuestros hijos y nietos. Y, así como el lobo fue nuestro aliado ante los retos de la edad del hielo, lo puede ser una vez más ante los actuales desafíos medioambientales. Está en nuestras manos que así sea. Empecemos por exigir la protección del lobo en todo el territorio nacional, y por no votar a quienes específicamente proclamen su persecución. Y después ya irá viniendo lo demás. Va a ser una lucha larga pero por algún sitio hay que empezar.

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