Archive for the ‘Peliculas’ Category

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Summer Wine

27 noviembre , 2017

vida salvaje

Das Wilde Leben (Una vida salvaje) es una película de 2007 basada en la vida de la modelo alemana Uschi Obermaier. Quien fuese icono sexual a caballo entre los años 60-70, conocida ‘grupi’ que participó en la gira de los Rolling Stones de 1975 y estuvo antes en la K1, una comuna alternativa de Berlín Oeste. Recorrió el mundo durante seis años en un autobus con su pareja Dieter Bockhorn, relación problemática que acabó mal.

En la banda sonora de esta película tenemos la versión de un tema de aquellos años, que hacen la actriz protagonista junto al vocalista del grupo finlandés HIM, Natalia Avelon y Ville Valo, respectivamente: Summer Wine. Y que inicialmente diese a conocer Lee Hazlewood con Nancy Sinatra en 1967.

La canción trata sobre una noche de verano en el que un hombre invita a vino a una desconocida, y tras despertarse resacoso ve como ella le ha desplumado.

 

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Searching for «Sugar Man»

19 mayo , 2013

Searching for Sugar Man

Valladolidwebmusical.org

Buscando desesperadamente a «Rodríguez». Casi me lo pierdo…  menos mal que Chusa Izquierdo, siempre al quite del buen cine, me dijo que fuera pronto que desaparecía de la cartelera. Menos mal.

Es un gran documental… tanto, que al principio pensaba que era un gran guión de denuncia de la industria discográfica USA, tan voraz y ultracapitalista. Pensaba que sobre la idea de un cantante de poca fortuna habían construido una muy buena ficción… pero a medida que avanzaba el film, y pese a la tardía hora de visionado, mis ojos se iban abriendo cada vez más. ¿Cómo es posible? Hemos conocido cientos de historias sobre injusticias laborales y contractuales en la música… pero nunca se condensaban TODAS en la misma persona.

Con solo dos Lps y un puñado de grandes canciones, Rodríguez, natural de Detroit, hijo de emigrantes mexicanos (esto es una de las grandes mentiras de la Historia… ellos ya estaban allí cuando castellanos e irlandeses llegamos a ese continente y ahora les pedimos los «papeles» en Arizona) quiso hacerse un hueco en la música americana con todo en su contra. Bob Zimmermann ha triunfado —en mi opinión muy merecidamente— pero otros grandes cantantes no tanto: Arlo Guthrie, Joe MacDonald (Country Joe and The Fish) Doctor John y, en cierta medida, Roy Orbison… grandes todos, pero incómodos para el chicle mental que nos han vendido desde los USA.

Pero, además, Sixto Rodríguez se encontró con más obstáculos en su intento de conseguir el éxito: Rodríguez… en los 60… es probable que en la actualidad el público de Los Ángeles, Texas o Miami hubiera acudido a sus conciertos…, pero no entonces. Y tampoco jugaba a favor pertenecer a Detroit, ciudad con un aura de malditismo social, protagonismo de las luchas obreras y revueltas sociales relevantes. Motor City, una de sus grandes formaciones, MC5… corrieron una suerte parecida.

Y por si todo fuera poco, sus canciones descarnadas, sencillas, muy bien arregladas… no son elementos definitorios para triunfar allí, quizá sí en Europa.

Pero ocurre el milagro, y de forma un tanto rocambolesca Rodríguez se convierte en un icono anti-apartheid en la sudáfrica nazi de Botha. Mucho tiempo después, dos fans sudafricanos inician una investigación sobre este hecho y el mito que hay detrás. Así algunos de los aficionados a su música le rescatan del olvido, algo común a muchos de los grandes del blues de los cuarenta en USA… buscando por talleres, suburbios, hospitales…  Final feliz… debo decir que me alegro mucho…  ¡tantos otros perdieron la vida en el intento!

El director, Malik Bendjelloul, ha realizado un gran trabajo contando una bella historia sin utilizar los trucos más simples y ha creado una potente estructura que denota un grado de madurez que no podíamos imaginar para una primera película.

Un gran documental que debe distribuirse bien para ser visto por aficionados, por músicos, por todos los que tienen interés en la cultura popular desde la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. Pero también porque es una lección de cine y honestidad que nos habla de la esperanza, la dignidad y el poder de la música.

Maguil, abril 2013.

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Sarita Montiel, mito erótico en 1957

21 abril , 2013

Sarita Montiel MermaidTras la película se convirtió en la sex simbol nacional.

El último cuplé se había rodado con tan escaso presupuesto que, para recortar gastos, la propia protagonista, Sara Montiel, tuvo que cantar, recitar más bien, los cuplés que en principio debía doblar con su voz la estupenda cupletera (y mujer) Lilian de Celis.

Sara Montiel, la inmortal manchega, no sabía cantar, así que hizo lo que pudo: gesticuló con una sensualidad inédita en la escena española, mucha apertura de boca, mucho enseñar la lengua, y hasta la úvula, mucha caída de párpados, mucha delantera sin artificios de silicona, mostrada hasta donde el censor lo consentía sin sucumbir al soponcio.

El último cuplé alcanza un éxito de tal calibre que permanece en cartel más de un año. La España reprimida y hambrienta sexual corre a contemplar a aquella estupenda hembra llena de curvas y asentadas mollas que aguarda a su amante fumando espero en una chaise longue.

En Frailes, municipio serrano de la provincia de Jaén, poco más de mil habitantes, el filme se mantiene en cartel tres meses debido a la afluencia de excitados garañones que peregrinan al pueblo desde los cortijos de la sierra circundante por los más variados medios, a pie, en bicicleta, en caballería, en autobús de pasajeros… Se forman colas de entusiastas cinéfilos dispuestos a ver la película dos, tres veces, las que haga falta.

Sara Montiel es una conmoción nacional, un solivianto hormonal de proporciones desconocidas. De nada valen las reuniones urgentes de don Tancredo y su equipo censor para arbitrar medidas urgentes con las que atajar o, al menos, mitigar el impacto de la manchega en el imaginario colectivo. Sería como ponerle puertas al campo. Las garitas de los cuarteles, sin puerta ni nada, siempre ventiladas, apestan a semen revenido; en los internados y en las cárceles, el concierto de somieres chillones se repite noche tras noche… hasta en los retretes de los seminarios diocesanos se peca a oídas. Don Próculo y otros confesores viajan a diócesis limítrofes, donde no sean conocidos, para asistir a la proyección de incógnito y comprobar, en sus propias carnes, con estos ojos que se han de comer los gusanos, lo que motiva tan descorazonador repunte en las conculcaciones del sexto mandamiento. Sucumbe al pecado la feligresía joven, sin excluir a los chicos de Acción Católica. Sólo algunos numerarios del Opus, y no todos, resisten la tentación del Maligno. Nunca se ha pecado tanto en España como este año con la sensualidad manchega, tan nuestra, de Sara Montiel.

JUAN ESLAVA GALÁN
De la alpargata al seiscientos (2010)

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You Never Can Tel

10 marzo , 2013

You Never Can Tel es un tema de Chuck Berry de 1964 recuperado en el año 1994 por Quentin Tarantino para la banda sonora de Pulp Fiction durante la escena del bailoteo que se marcan John Travolta y Uma Thurman. Película que supuso el renacimiento profesional del Travolta, y cuya escena quedará plasmada como parte de la historia del cine…

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Bukowski y los gatos

10 diciembre , 2012

Bukowski gatos 1

«Es bueno tener un montón de gatos alrededor. Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son salvadores. Cuantos más gatos uno tenga, más tiempo vivirá. Si tienes cien gatos, vivirás diez veces más que si tienes diez. Algún día esto será descubierto: la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es ridículo.»

Parte de la entrevista realizada por Sean Penn a Charles Bukowski en 1987 para la revista Interview, cuando el actor estaba a punto de participar de la filmación de El borracho (en un papel que finalmente haría Mickey Rourke).

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Escena instructiva

15 julio , 2012

Escena de la película francesa de 1972 Todo va bien, de Jean Luc Godard, que nos puede servir en estos tiempos que corren:

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30º aniversario de ‘Blade Runner’

30 junio , 2012

Replicar un replicante

Jesús Hidalgo

El 25 de junio se cumplen tres décadas del estreno de la película Blade Runner, la obra maestra de la ciencia ficción dirigida por Ridley Scott. El paso de los años no ha hecho sino agrandar el mito de un filme que metió precozmente el dedo en la llaga en cuestiones que van más allá de lo cinematográfico, como la robótica y la inteligencia artificial, con implicaciones filosóficas.

Agencia SINC | 25 junio 2012

«Va usted caminando por el desierto y se encuentra con un galápago que yace sobre su espalda cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda». Esta es una de las situaciones que plantea el llamado test de Voight-Kampff, utilizado en la película Blade Runner por un cuerpo especial de policía con el objetivo de diferenciar a los replicantes –robots de aspecto humano– de las personas.

El 25 de junio se cumplen tres décadas del estreno del filme, inspirado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? e ignorado en principio tanto por la crítica como por el público. El oscuro retrato del futuro plasmado por el director Ridley Scott, en el que las personas y los robots se mezclan y confunden en la sociedad, no ha perdido actualidad.

Entre los numerosos debates científico-filosóficos que generó destaca el de si en el horizonte temporal en el que está ambientada la película –el año 2019– era posible el desarrollo de la Inteligencia Artificial que propone.

Según Henrik Sharfe ese futuro ya ha llegado. Al menos para él. Es el director del Center for Computer-mediated Epistemology de la Universidad de Aalborg (Dinamarca) y se pasea por medio mundo en compañía de su clon robótico Geminoid DK, fabricado con el propósito de investigar las tolerancias emocionales y reacciones en interacciones entre humanos y robots.

Para Sharfe –elegido por la revista Time en 2012 como una de las 100 personas más influyentes del planeta– su clon y otros como él podrán caminar por la calle e interactuar con la gente «en tan solo diez años, si en ese tiempo somos capaces de construir las infraestructuras adecuadas, junto con las necesarias fuentes tecnológicas para sacar los robots de los centros de investigación», comenta a SINC el investigador. «Caminamos hacia la construcción de androides hechos y derechos que, en un futuro, mostrarán los sentimientos, las emociones y una comprensión recíproca del cuerpo humano», añade.

Nexus 6, máquinas con sentimientos

¿Podría ser esa inteligencia tan parecida a la del ser humano como plantea Blade Runner? En el filme, un grupo de estos androides escapa a la tierra y los agentes de policía del cuerpo especial Blade Runner, con Rick Deckard (Harrison Ford) a la cabeza, tienen la misión de «retirarlos», según la terminología usada en la cinta. El problema viene cuando el último modelo de replicante –Nexus 6– parece tener un comportamiento indiferenciable del de un humano. Aunque en un primer momento los Nexus 6 no tienen sentimientos, con el paso del tiempo empiezan a desarrollarlos, a hacerse preguntas y reclamar su independencia frente a la esclavitud a la que están sometidos.

Sharfe no cree que en los androides del futuro se pueda llegar a replicar el cerebro de un humano, «lo más probable es que estas máquinas desarrollen otro tipo de inteligencia diferente a la que nosotros poseemos. Si alguna vez fuese posible el desarrollo de máquinas conscientes, mostrarían cualidades distintas a las nuestras», comenta.

Poseedores o no de un cerebro ‘humano’ tanto la visión de Sharfe como la de Blade Runner coinciden en que los robots se crean a nuestra imagen y semejanza para ayudarnos en tareas poco agradecidas; bien sea para «algo tan simple sacar la basura», como comenta el investigador danés, o de ser nuestros «esclavos» en colonias del espacio exterior, como plantea la película.

Robots humanizados y humanos robotizados

«A las personas nos gustaría disponer de servidores con nuestras mismas capacidades. El problema es que, sea quien sea el que tenga esas capacidades, quiere ser libre e independiente y acaba negándose a obedecer. Ese es el gran tema de la película», afirma Miquel Barceló, doctor en Informática de la Universitat Politècnica de Catalunya. «De eso va Blade Runner: la máquina se hace autoconsciente y pone en duda a su creador», coincide José Manuel Molina, catedrático del área de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

En la cinta de Scott, los replicantes se rebelan contra la idea de tener una fecha de caducidad –de tan solo cuatro años– y desean hallar respuestas a preguntas como «¿de dónde vengo?». Su insubordinación se parece a la del ser humano contra la muerte, igual que su búsqueda de certezas.

«En el filme es el hombre el que se convierte en una máquina por su obsesión por cazar androides, mientras que el androide, con su miedo a morir, se humaniza», añade Barceló. «Incluso se llega a plantear la posibilidad de que Harrison Ford, el cazador de replicantes, también sea uno de ellos; y la escena de pasión entre él y Rachel, una androide, es espectacular», recuerda Molina.

Para Carlos Avendaño, catedrático de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid, la película propone temas de interés sobre biología, cerebro e Inteligencia Artificial: «Para que puedan plantearse cuestiones filosóficas y éticas en torno a cíborgs o robots se requiere la presencia, real o supuesta, de inteligencia y sentimientos». La cuestión de fondo es cómo inducir esos comportamientos en una máquina y, para ello, hay que comprender en profundidad cómo funciona nuestro cerebro.

Si responde como una persona, ¿es una persona?

«Aún estamos casi empezando en el oscuro laberinto de lo mental. Conocemos ya mucho de los corredores que lo forman –la física, la química y la biología del cerebro y las manifestaciones de la mente–, sabemos lo que buscamos, pero no hemos dado con la clave que nos conduzca desde sus umbrales hasta su más preciado interior, donde se conjugan lo cognitivo y lo afectivo», prosigue Avendaño.

La dificultad de la empresa no desanima a los científicos. Para estudiar cómo el cerebro es capaz de adquirir el lenguaje, investigadores de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido) han desarrollado un robot humanoide, llamado DeeChe, que es capaz de aprender a hablar como un bebé de entre seis y 14 meses interaccionando con personas. De aquí al asunto de los replicantes de Blade Runner hay una enorme distancia, pero podría ser la semilla para construir en un futuro cerebros robóticos que se fueran enriqueciendo y construyendo con la experiencia, al igual que el de los humanos.

Avendaño no tarda en bajarnos de las nubes de la ciencia ficción: «Las especulaciones que pueden derivarse del actual conocimiento de la física, la química y la biología que permitan la creación de androides o replicantes, requieren aún de un acto de fe en lo que se refiere a la construcción de sus cerebros». Aceptado este salto mortal, para él «las cuestiones neurocientíficas que se presentan en la película son bastante creíbles».

«Por ejemplo, el uso de un test para distinguir a los replicantes de los humanos recuerda a diseñados para identificar ‘pensamiento’ en una máquina, como el test de Turing». Esta prueba, diseñada en 1950 por el matemático Alan Turing para determinar si una máquina es inteligente, consiste en situar a un juez en una habitación, y un ordenador y un ser humano en otras dos separadas. Básicamente, el juez debe descubrir cuál es el ser humano y cuál es la máquina mediante preguntas.

«En lugar de preguntar qué hace que una máquina sea como un ser humano, compáralos. Si el hombre y la máquina dan la misma respuesta ante las mismas preguntas, entonces son iguales. Es muy simple y por eso su formulación resulta tan potente», reflexiona Molina.

«El test como herramienta para la diferenciación humana es un tema distinto. Y como se ilustra en Blade Runner, podría ser una tarea muy compleja. Pero pensemos en el caso de un organismo cibernético, ¿dónde termina la máquina y dónde empieza el humano? Aquí tendríamos que pensar en conceptos como el ‘post-humano’, una nueva especie mezcla de humano y máquina cuya mente y cuya consciencia no está generada únicamente por un sistema nervioso biológico, sino que se conecta con dispositivos artificiales para crear una mente extendida más inteligente y consciente de su entorno», continúa el investigador.

Arrabales, como otros científicos, cree más en un futuro de cíborgs o humanos cibernéticos que en los replicantes de Blade Runner. Por ahora, Neil Harbisson es el primer cíborg reconocido oficialmente como tal por un gobierno. Que la foto de su pasaporte, en la que posa con su ojo electrónico, no sea ciencia ficción sino realidad, parece dar la razón a los que vaticinan un mundo en el que las personas se integrarán naturalmente con las máquinas para ser más inteligentes y capaces.

Un 36% de humanidad

A día de hoy ninguna máquina ha sido capaz de superar el test de Turing original. «Sin embargo, existen versiones limitadas, como las de la competición BotPrize, donde personajes de videojuego controlados por ordenador intentan hacerse pasar por humanos», explica Raúl Arrabales, profesor del departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la UC3M. «En este entorno hemos conseguido diseñar personajes virtuales con ratios de ‘humanidad’ entre el 30% y 36%. Es decir, que aproximadamente un tercio de su comportamiento observado en el videojuego es indistinguible del que tendría un humano en la misma situación», continúa.

Fuente: SINC