Archive for 28 abril 2013

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El dibujo de un pene en la superficie de Marte arrasa en Internet

28 abril , 2013

Marte

RT Actualidad / Ciencia

Una foto de la superficie marciana en la que aparece algo semejante a un miembro masculino causa furor en Internet.

El divertido dibujo en realidad son las huellas de las ruedas de un explorador marciano, posiblemente del Spirit, el vehículo robótico de la NASA que aterrizó en el planeta rojo en 2004 y dejó de comunicarse con la Tierra en 2010.

Los exploradores de la NASA Spirit, Opportunity y Curiosity tienen seis ruedas que forman círculos cuando el robot gira. Estas marcas circulares, unidas a las de la trayectoria recta, dibujaron en el polvo de Marte una figura parecida a un pene.

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De las almorranas del Rey Sol al punk

27 abril , 2013

Luis XIV padecía de estreñimiento, lo cual le provocó una fistula anal dolorosa. Su médico Charles Félix de Tassy le operó en 1686 con éxito. El Rey Sol pudo montar a caballo y, para celebrarlo, Jean Baptiste Lully compusó Grand Dieu sauve le Roi («Gran Dios salve al Rey»)…

Años más tarde, en 1714, Händel que estaba de visita por el país galo se quedó con aquella pegadiza música, que con unos arreglos se la entregó al rey inglés Jorge I y derivaría en el actual himno británico God Save the King/Queen.

Durante poco más de medio siglo ambos países tuvieron el mismo himno:

Y ya de todos conocida es la versión de Sex Pistols de 1977…

… sin lugar a dudas, es la versión que prefiero:


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Sarita Montiel, mito erótico en 1957

21 abril , 2013

Sarita Montiel MermaidTras la película se convirtió en la sex simbol nacional.

El último cuplé se había rodado con tan escaso presupuesto que, para recortar gastos, la propia protagonista, Sara Montiel, tuvo que cantar, recitar más bien, los cuplés que en principio debía doblar con su voz la estupenda cupletera (y mujer) Lilian de Celis.

Sara Montiel, la inmortal manchega, no sabía cantar, así que hizo lo que pudo: gesticuló con una sensualidad inédita en la escena española, mucha apertura de boca, mucho enseñar la lengua, y hasta la úvula, mucha caída de párpados, mucha delantera sin artificios de silicona, mostrada hasta donde el censor lo consentía sin sucumbir al soponcio.

El último cuplé alcanza un éxito de tal calibre que permanece en cartel más de un año. La España reprimida y hambrienta sexual corre a contemplar a aquella estupenda hembra llena de curvas y asentadas mollas que aguarda a su amante fumando espero en una chaise longue.

En Frailes, municipio serrano de la provincia de Jaén, poco más de mil habitantes, el filme se mantiene en cartel tres meses debido a la afluencia de excitados garañones que peregrinan al pueblo desde los cortijos de la sierra circundante por los más variados medios, a pie, en bicicleta, en caballería, en autobús de pasajeros… Se forman colas de entusiastas cinéfilos dispuestos a ver la película dos, tres veces, las que haga falta.

Sara Montiel es una conmoción nacional, un solivianto hormonal de proporciones desconocidas. De nada valen las reuniones urgentes de don Tancredo y su equipo censor para arbitrar medidas urgentes con las que atajar o, al menos, mitigar el impacto de la manchega en el imaginario colectivo. Sería como ponerle puertas al campo. Las garitas de los cuarteles, sin puerta ni nada, siempre ventiladas, apestan a semen revenido; en los internados y en las cárceles, el concierto de somieres chillones se repite noche tras noche… hasta en los retretes de los seminarios diocesanos se peca a oídas. Don Próculo y otros confesores viajan a diócesis limítrofes, donde no sean conocidos, para asistir a la proyección de incógnito y comprobar, en sus propias carnes, con estos ojos que se han de comer los gusanos, lo que motiva tan descorazonador repunte en las conculcaciones del sexto mandamiento. Sucumbe al pecado la feligresía joven, sin excluir a los chicos de Acción Católica. Sólo algunos numerarios del Opus, y no todos, resisten la tentación del Maligno. Nunca se ha pecado tanto en España como este año con la sensualidad manchega, tan nuestra, de Sara Montiel.

JUAN ESLAVA GALÁN
De la alpargata al seiscientos (2010)

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Soraya y los gilipollas

20 abril , 2013

gilipollas

Aníbal Malvar

Hacerse el gilipollas es un derecho que debería ser contemplado en la carta esa de los derechos humanos. Yo me hago mucho el gilipollas, y da como una especie de vientecillo de libertad en las orejas. Además, nunca he sido demasiado listo, y hacerme el gilipollas me resulta bastante fácil. Sin embargo, y paradójicamente, me cabrea bastante que alguien ajeno a mí o a mi cronopia familia pretenda que yo parezca gilipollas. Sé que suena a capricho: ¿cómo puede gustarle a este tío hacer el gilipollas y disgustarle que lo tomen por gilipollas? La segunda opción es más cómoda, ya que te ahorra el delicado trabajo actoral de parecer gilipollas. Pero la primera, aunque más ardua, es una decisión personal, no una imposición. Y por alguna perversión íntima que aun se me escapa, a mí lo de tener alguna que otra decisión personal todavía me pone. Secretos del alma humana. Debilidades de gilipollas.

He desarrollado esta larga disertación, más llena de meditaciones que de dudas, porque ayer me dio la impresión de que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, quizás muy a su pesar, me estaba tomando por gilipollas. Dirá el atildado lector que resulta normal que un cerebro de la categoría del de Soraya, adornado de tantos laureles intelectuales que incluso los más elevados eruditos los desconocen, nos haga parecer al resto de mortales tal que un poco gilipollas. Sería necio negarlo. Después de 35 años de democracia, los españoles nos hemos acostumbrado a que nos traten como a gilipollas pero sin que nos demos cuenta. Coño, Soraya, que es que ahora nos estamos dando cuenta de que nos tratáis como a gilipollas. Un poquito de disimulo, por favor. Dejadnos como estábamos de atontaos con el talante, con los cambios de Constitución impuestos por los dos grandes partidos en noviembre y tal. Antes solo parecíamos gilipollas a los ojos de los extranjeros. Ahora, con vuestras cosas, hasta en España parecemos gilipollas. Y eso no lo puede soportar un gilipollas español. Por ahí no pasa este patriota a la par que gilipollas.

Ha dicho Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta de nuestro bienhadado gobierno, que es absolutamente normal que seamos gilipollas. Nuestra vicepresidenta dijo ayer, no en un bar ni una orgía percherona a cuatro patas, sino justito después del consejo de ministros, en acto de mucha comunicación hacia los españoles, televisión pública y tal, dijo nuestra vicepresidenta, lo ha sacado la tele, que el Centro de Investigaciones Sociológicas, el CIS, un servicio público de estadística pagado con los impuestos de los españoles, se ha olvidado de hacer una pequeña pregunta. Al CIS, al servicio público de estadística pagado por todos los españoles, se le ha olvidado en los últimos 17 meses preguntar a los ciudadanos nada acerca de su jefatura del Estado. Del Rey, o sea. De Urdangarín. De la Leti y sus desencuentros con Rouco Varela. Y nos ha explicado Soraya que esto del olvido ha pasado por «criterios técnicos». Yo no me lo creo, porque suelo olvidar por otras causas. Yo no me creo que de repente el CIS se haya olvidado por «criterios técnicos» de que tenemos un rey corrupto puesto por Franco sobre el que los españoles tenemos que opinar y decirle amablemente que se marche.

Soraya Sáenz de Santamaría, con su proverbial inteligencia, nos ha explicado a los españoles que el CIS no se ha ocupado en los últimos 17 meses de las más altas instancias del Estado por, me encanta la expresión, «criterios técnicos». O sea, que usted, señor deahuciado, no puede tener acceso a saber de su Casa Real, de la Jefatura de Su Estado, por «criterios técnicos». Los criterios técnicos, como los caminos del señor, son inescrutables. Resulta que por «criterios técnicos» no puede usted opinar de la Corona, de la Jefatura de Estado, de la Corinna. Los criterios técnicos le impiden a usted opinar y decir que esta monarquía corrupta y putrefacta es el bastión indeleble sobre el que se asienta la cohesión de España.

Pues vale.

Rosa y espinas
BLOGS PÚBLICO.ES
(20 / abril / 2013)

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Iggy Pop muestra con sorna los peligros de fichar por un sello ‘indie’

20 abril , 2013

Para promocionar Ready to Die, el rockero publica un simpático tráiler en el que ironiza sobre las consecuencias de editar su nuevo trabajo, con una discográfica pequeña.

Por Rolling Stone

Iggy Pop

«No tengo libertad creativa», arranca Iggy Pop en el clip, tirado al sol en una piscina, rodeado de mujeres y protestanto por la mala vida que lleva en una discográfica multinacional. «No me importa el dinero. ¿Y qué hay de mi integridad?», sigue. Lo siguente que vemos es el rockero recogiendo basura, quejándose de su sello indie.

— Escucha ‘Burn’, la nueva canción de Iggy and the Stooges

El vídeo forma parte de la promoción del nuevo trabajo de Iggy and the Stooges, Ready to Die –el primer álbum completo de Pop con el guitarrista James Williamson y el baterista Scott Asheton, desde su clásico Raw Power (1973)–, que saldrá a la venta el 30 de mayo, a través de la discográfica indie Fat Possum Records.

— La ‘playlist’ perfecta de Iggy Pop

Aquí os dejamos el vídeo:

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It’s my Life

6 abril , 2013

It’s my Life es un tema del álbum en solitario de Wendy O. Williams, tras su marcha de Plasmatics, que salió en 1984 (una muy buena de cosecha de discos rockeros hubo ese año), titulado WOW. Un LP que se puede considerar prácticamente de Kiss, ya que estuvo compuesto, producido y elaborado por ellos. En la letra de la canción se viene a decir «Es mi vida y hago lo que quiero con ella». Incluso quitársela un 6 de abril de 1998.

Y junto a ella se encontró esta nota:

«El acto de quitarme la vida no es algo que decida hacer a la ligera. No creo que nadie se quite la vida sin antes haberlo reflexionado profundamente durante un largo periodo de tiempo. De todas formas, estoy convencida que el derecho a poder hacerlo es uno de los derechos fundamentales que alguien puede llegar a tener en una sociedad libre. Pienso que la mayoría de lo que hace el mundo no tiene ningún sentido, pero el sentimiento con respecto a lo que estoy haciendo suena alto y claro en el interior del oído, en un lugar en el que no hay nadie, sólo la calma. Amor eterno, Wendy.»